Esteban Garaiz
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JODY WILLIAMS Y EL DIALOGO NACIONAL
JODY WILLIAMS Y EL DIALOGO NACIONAL 06/07/10 (Para Público) Jody Williams, premio Nobel de la Paz, está de nuevo en México. En febrero entregó al Secretario de Gobernación una carta firmada por 12 (repito: por doce) Premios Nobel de la Paz, preocupados por la impartición de justicia en México, y de manera específica en el caso de los sentenciados de Atenco, hasta con más de cien años de prisión. Dice la señora Williams, en su correcto español: “Yo, que viví en México en los setentas, noto la diferencia. Hoy se violan más los derechos humanos”. Comenta sobre el llamado al diálogo que hace Felipe Calderón: “Eso no es un diálogo nacional. Es un diálogo entre partidos, entre quienes tienen el poder. No se convoca a los ciudadanos”. A trancas y barrancas, los detenidos de Atenco han sido puestos en libertad. Pero, como ellos dicen, la lucha sigue y es larga. Quienes cuentan con el poder delegado por parte del Ejecutivo Federal, y también de una buena parte de los estatales, no se resignan a tener que cumplir con la Constitución, con las garantías individuales, que expresan con toda claridad que la calle es de los ciudadanos, que tienen todo el derecho de inconformarse, que el pueblo es soberano y “tiene todo tiempo el inalienable derecho de alterar la forma de su gobierno”. Así las cosas, hay que darle toda la razón a Jody Williams: no hay convocatoria al diálogo nacional; hay un llamado a arreglos cupulares. Nunca en la turbulenta historia del país, han estado los partidos políticos más lejos de la gente: de los soberanos. Ni ciudadanos soberanos ni dirigentes partidarios deben olvidar que los partidos son sólo vehículos de proyectos políticos. Los partidos son desechables. Medios y no fines. No tienen por qué reclamar lealtad. La lealtad se debe a la Nación y al proyecto nacional que está plasmado en la Carta rectora de 1917. No a maquinarias que cambian de principios, como es el caso de las siete con registro actual ante el IFE. La izquierda formada desde Gobernación (la de 1977), que hoy detenta la dirigencia del partido de esa ideología con mayor representación, ésa que es considerada por los plumíferos como la izquierda moderna y civilizada, ya manifestó su anuencia al diálogo que convoca quien todos los días viola el proyecto nacional de la Carta constitutiva. Una vez más hay que apelar a la claridad mental. No se puede convocar al diálogo nacional si no se parte de los valores comunes: Los constitucionales. No se pueden golpear con una mano y con la otra convocar a dialogar. Lo valores constitucionales son compromiso previo de todos los partidos políticos (es requisito para que obtengan el registro). Por supuesto, también es compromiso previo de todos los funcionarios públicos, que de antemano protestan guardar y hacer guardar. Si el titular del Ejecutivo quiere acuerdos nacionales en lo fundamental, si quiere “conjugar democracia con eficacia”, la tiene muy sencilla. Pregunte a la gente (a los soberanos) si quieren educación pública cabalmente gratuita, o la quieren condicionada a cuotas: ficha (de inscripción) por ficha (de depósito) con la complicidad de las autoridades educativas; si quieren que la Nación conserve, o malvenda, los recursos naturales; si quieren que el Estado mantenga la rectoría económica o que los bancos extranjeros nos hundan en la crisis; si quieren que haya sindicatos libres y se respete el derecho de huelga o que Larrea despida cuando le dé la gana; si quieren que haya duopolio televisivo y que el gobierno malvenda (o malrente por decenios) la fibra óptica; si quieren campañas con bombardeo de spots mercadotécnicos, o con debate público; Si quieren que haya una sola iglesia o que tengamos libertad de creencias y educación laica. Verá qué fácil es el acuerdo en lo fundamental. Puede preguntar también si quieren que el gobierno cumpla con la Constitución o la viole todos los días. Si quieren al ejército de ocupación en las calles, frente al pueblo, o quieren que haya control de la corrupción aduanal que nos inunda de armas. Si quieren que haya empleos fijos y con seguro social o outsourcing y “flexibilización” con jornadas de 16 horas a fuerza. Si quieren que se respete la pluralidad o que haya florecita de la diversidad. Si quieren que haya diversidad informativa o quieren ver todos los días a Felipe Calderón en su atril en Canal 11, que era del Instituto Politécnico Nacional. Sentimientos encontrados debe llevar de regreso la amiga de México Jody Williams. Del “efecto vinagreta”: aceite y vinagre, que tuvo su culminación en la Segunda Guerra mundial, habrá que ocuparse en otra ocasión.
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