Esteban Garaiz
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El efecto Vinagreta y el 2012
Amigos, les envío el artículo que se publicará el martes. Saludos Esteban El efecto Vinagreta y el 2012 (Para Público) 13-07-10 Digan lo que digan, el aceite y el vinagre resultan una muy buena combinación, que tiene más de 3,000 años en la cultura mediterránea. En el frasco, acaban por decantarse y separarse con toda claridad; cosas de la vida. En 1940-45 soviéticos y occidentales (británicos, franceses y norteamericanos) integraron la imprescindible alianza para derrotar juntos al peligro nazi. Después vino la Guerra Fría: cosas de la vida. En México todos los partidos políticos con registro del IFE pasan de antemano por incluir en sus respectivas declaraciones de principios una serie de valores democráticos comunes, que todos deben, debemos, compartir. Específicamente, y como requisito previo a la obtención de su registro legal, se obligan a observar la Constitución y a respetar las leyes e instituciones que de ella emanen. También se obligan a no aceptar pacto o acuerdo que los subordine a cualquier organización internacional. Igualmente a rechazar toda clase de apoyo económico, político o propagandístico de extranjeros o de ministros de culto. Se comprometen también a conducir sus actividades por medios pacíficos y por la vía democrática. Finalmente, su registro legal queda condicionado al compromiso de promover la participación en igualdad de oportunidades y equidad entre mujeres y hombres. Estos valores fundamentales compartidos (subrayando el cumplimiento de la Constitución) hacen totalmente improcedente hablar de alianzas “contra natura”,. Los partidos políticos son partes de la sociedad mexicana, rivales por el voto y el apoyo de los ciudadanos. No son, no deben ser, de ninguna manera, enemigos; en la representación nacional se sientan en abanico: confluyen. Otra cosa muy distinta es que un gobierno actúe “contra constitución”, o sea contra natura; y eso haga extremadamente difícil de aceptar o entender una posible alianza entre sustentadores de dos proyectos nacionales encontrados y contradictorios, y, por tanto, incompatibles: uno que quiere el cumplimiento cabal de la Constitución, aunque se tenga que denominar alternativo (por contraposición); y otro que, en la conducción del gobierno federal, actúa descaradamente en beneficio de los 30 máximos oligarcas del país y de los poderes reales mundiales, y en contra de las grandes mayorías ciudadanas, incluidas las clases medias, cada día más proletarizadas, aunque les cueste trabajo aceptarlo. Un gobierno que continúa aumentando el IVA a todos y, en cambio condona cientos de miles de millones de pesos a los grandes contribuyentes (que son grandes, pero no contribuyentes). Que vende las aguas patrimoniales por parcelas y “concede” los recursos minerales de la Nación por decenios y kilómetros cuadrados. Que destruye sindicatos incómodos a los patrones oligarcas y arrogantes, y, en cambio, se alía en complicidad con los más corruptos y perniciosos. Un gobierno que ha hecho que México sea “de facto un paraíso fiscal”, según dice la CEPAL de Naciones Unidas. Que permite, a ciencia y paciencia, que en escuelas públicas teóricamente gratuitas se condicione la inscripción a la cuota de mantenimiento del plantel; y además miente en los resultados educativos. Que tiene menos de la mitad de los mexicanos en el Seguro Social, (con 14 y medio millones de titulares) y, en cambio, promueve caricaturas. Que ha permitido y promovido la inversión privada en la generación eléctrica hasta rebasar un tercio. Que es el cómplice del control oligárquico de las comunicaciones en México (y lo remacha controlando COFETEL). Que desangra y endeuda deliberadamente a Pemex y la ha uncido a la “seguridad energética norteamericana”. Que ha renunciado a la rectoría económica a que está obligado. Ese gobierno no puede aliarse, rumbo al 2012, a través de ningún partido, con el grupo ciudadano que tiene como objetivo político central recuperar la vigencia de la actual Constitución: educación pública cabalmente gratuita; rescate de los recursos naturales y de los espacios nacionales para la Nación; petróleo al servicio prioritario del desarrollo integral de la economía del país; recuperación de la rectoría económica del Estado; respeto y tutela de los derechos de los trabajadores; gobierno laico y leyes laicas; régimen fiscal equitativo, general y eficaz promotor del desarrollo; recuperación para el pueblo del derecho inalienable de alterar la forma de su gobierno. Los partidos políticos (una vez más) son vehículos, son desechables y remplazables. Pero las alianzas sólo pueden darse para ir en una de las dos direcciones. Después vemos los conductores. La vinagreta no da para más.
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