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Quienes quieran entrar, en serio, al análisis y debate ciudadano sobre el éxito o fracaso de la lucha calderónica al crimen organizado (que él llama guerra, o sea suspensión de garantías), tiene que empezar por observar el trato diferenciado que el Estado ofrece al tabacotráfico, al tequilatráfico y al narcotráfico, por problemas de salud afines.
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Digan lo que digan, el aceite y el vinagre resultan una muy buena combinación, que tiene más de 3,000 años en la cultura mediterránea. En el frasco, acaban por decantarse y separarse con toda claridad; cosas de la vida. En 1940-45 soviéticos y occidentales (británicos, franceses y norteamericanos) integraron la imprescindible alianza para derrotar juntos al peligro nazi. Después vino la Guerra Fría: cosas de la vida.
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Jody Williams, premio Nobel de la Paz, está de nuevo en México. En febrero entregó al Secretario de Gobernación una carta firmada por 12 (repito: por doce) Premios Nobel de la Paz, preocupados por la impartición de justicia en México, y de manera específica en el caso de los sentenciados de Atenco, hasta con más de cien años de prisión.
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Los testimonios que citaré a continuación deberán permanecer, por supuesto, en el anonimato. Anonimato que sólo rompería en el muy remoto caso de que alguna autoridad competente mostrara de verdad interés real por la aplicación cabal del artículo 123, una de las cuatro grandes columnas de nuestra Carta rectora, que es al mismo tiempo nuestro gran proyecto de Nación, pero que día con día se viola precisamente desde el Ejecutivo federal: el responsable de guardar y hacer guardar este proyecto de Nación. Me temo, como todos los mexicanos, que la denuncia resultaría contraproducente y, en vez de justicia, derivaría en represalia. Por eso en México no puede progresar la cultura de la denuncia.
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Pablo Latapí Sarre, uno de los máximos educadores de México, por decir lo menos, escribió el libro de cuyo título se toma el de esta columna, en los últimos meses de su vida, a los 82 años de edad. Un cáncer diagnosticado en fase avanzada, lo inclina a aceptar la coautoría de Susana Quintanilla para prepararlo.
De profundas y congruentes convicciones cristianas, asume, ante la noticia, “la decisión, compartida por mi esposa, de no recurrir a ningún tratamiento extraordinario (quimio o radioterapia) por dos razones. La primera y principal porque considero que he tenido una vida muy feliz y llena de realizaciones…La segunda porque quiero morir con dignidad”.
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